Desde el fondo de una taza de café
Para contar, imaginar, soñar, inventar...
lunes, 11 de marzo de 2019
miércoles, 5 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
UNA
TOSTADA DE PAN
Te
recuerdo cada domingo cuando tuesto el pan y se me quema. A veces sólo lo dejo
quemar para recordarte. En ti eso era como una especie de costumbre. Cortabas
las barras de pan recién compradas, según tú, para que no se pusieran viejas,
lo metías en el horno y siempre, siempre lo dejabas quemar. Luego lo raspabas
con un cuchillo quitándole las partes negras y lo metías en una lata.
Tenías
una manera de masticar muy peculiar, escandalosa, siempre parecía que estabas
comiendo pan tostado. Tus dientes crujían, crujían, crujían. Era frecuente
verte por la casa masticando, una tostada en la boca y otra en la mano,
caminando por el pasillo diciendo que te ibas a poner a trabajar, pero
retrasabas el momento de meterte en la oficina, sobre todo, si había alguien
con quien hablar.
A
veces te preparabas las tostadas con queso, queso amarillo, queso de bola.
Cogías la tostada con el dedo índice y el pulgar, apretando el pan, apretando
el queso y mordías y luego ese crujido que me viene a la cabeza.
El
otro día caminando por la calle me vino un olor a pan recién tostado, recién
quemado. Pude sentir el calorcito de una tostada en la punta de la nariz y
pensé que eras tú, que volvías, que estabas en alguna parte. Sola, en el medio
de una calle vacía pude escuchar el crujir de tus dientes masticando una
tostada de pan.
martes, 28 de mayo de 2013
Piel de cartón
Todo empieza con una sensación de frío, de escalofrío, de extrañamiento helado. ¿Soy, no soy? ¿Estoy, no estoy? Deshojar la margarita: ahora sí, ahora no. Su piel se vuelve de cartón y cae al vacío. Espinas raspan sus límites en la caída. Los límites se abren, se expanden y cobran una dimensión desmesurada, donde la vista y el oído desaparecen. La carne se abre sin dolor, con un ruido de frecuencia baja, constante, constante. El ruido del vacío envuelve los pensamientos, como si estuviera siendo arrastrada por una ola gigante sin saber a donde la conduce. El rostro cobra una dimensión superlativa y en las piernas, alambres de púas se encargan de acariciarla de forma perversa, insistente, como taladrando...taladrando...tala... tala.... tala y derriba…derriba toda sensación. Un cuerpo que no sangra, insensible…insensible.
Se toca la cara con la yema de los dedos, apenas de puntillas pero se hunden en una masa de aire caliente y se vuelve del revés.
Yo nací en una isla....
Yo nací en una isla que un buen día,
decidió navegar y embarcarse en un viaje sin retorno.
Yo nací en una isla con una boca grande que va tragando peces,
por eso, en mi tierra,
se puede pescar en el patio de cualquier casa
y en algunos árboles, en lugar de frutos, crecen caracolas.
Yo nací en una isla donde la gente, por las noches,
baila en los tejados y azoteas, estira la mano y coge cualquier estrella a su antojo. Luego, se la mete en la boca para convertirse en sol.
¡Ah! Mi isla, pez gigante, boca abierta, donde el olor a salitre te quema y empapa la piel de sudor.
¡Ah! Mi isla, cara limpia, puerta abierta de en par en par, donde la palabra es fuego y pasión.
¡Isla entera!
¡Isla de verdad!
Isla azul que navega a su antojo.
Isla roja que revienta por dentro.
Isla blanca, como la luz que se pierde en una ola.
Fruta madura…, dulce…, y azucarada.
domingo, 26 de mayo de 2013
LOS CUENTOS SON
Los cuentos son pozos insondables de sensaciones; pájaros
gigantes que nos marean con su vuelo circular; patios interiores donde hay
mucha ropa tendida y objetos abandonados al sol, a la sombra, a la lluvia, a la
luna. Los cuentos son palabras que se
acercan a la boca, al oído, a los ojos, y por qué no, a la piel y allí dejan su
marca o nada. Nos pasean por la imaginación conduciéndonos hacia rincones del
tiempo no vivido, hacia paisajes internos del deseo, hacia una imagen elegida
por la contingencia de la vida, hacia lo más cotidiano. Los cuentos empiezan y terminan, algunos permanecen como un pequeño temblor en
el aire, otros nos abandonan, nos provocan, nos persiguen y otros quedan como
una invitación a que abramos la puerta.
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